foto: ARdelasH

La Red es especular.

Cada vez que nos ponemos delante de un ordenador

es como si lo hiciéramos delante de un espejo.

Nuestras acciones dejan una traza de ceros y unos.

Al principio es leve.

Pero la actividad va dejando más trazos,

que se van combinando

hasta formar un conjunto de rasgos difusos de nosotros.


Nuestra imagen comienza a emerger en ese espejo borroso.


Es sólo el comienzo,

pero la evolución de la Red irá haciendo más nítido el espejo

y, por tanto, más fiel nuestra imagen.


Cada vez será más fácil reconocerse en ese espejo.

Y si,

tras desdoblarnos,

nos reconocemos,

se manifestarán

(y ya están apuntando)

los mismos fenómenos contradictorios

de sorpresa, rechazo e identidad

por los que hemos pasado ante la superficie del agua,

el espejo,

la fotografía.


Y ahora será ante la Red.


Recelamos del desdoblamiento,

por lo que se nos puede quitar,

pero no podremos dejar de mirarnos en el espejo

para afirmar nuestra identidad:

existimos, porque nos reflejamos;

somos nosotros, porque nos reconocemos.

__________________________________