Siempre que una nave arriba,

baja a las tabernas del puerto.

Escucha con paciencia y atención

las conversaciones de los marineros.

Unas veces compartiendo mesa y bebida,

otras aguzando el oído desde la barra,

y si el tiempo se ofrece bonancible,

apoyado en alguna solana con fingida desgana,

junto a un grupo de marineros,

o un solitario parlanchín.

No es fácil seguir las palabras de estos navegantes,

sus discursos se entrecortan,

los interrumpen otros,

o se enredan en detalles nimios.

Además, muchos marineros son extranjeros,

de muy distintos países,

y se comunican con un indigesto brebaje de palabras,

que nunca han estado reunidas en un mismo diccionario.


Pero a pesar de todo esto,

y por su perseverancia,

va extrayendo fibras de estos discursos siempre incompletos

con las que luego con igual paciencia,

pero más habilidad aun,

les sirve para trenzar con la escritura bellas y excitantes narraciones

sobre otros lugares,

otros pueblos,

y sorprendentes sucesos.


Sus narraciones acercan esos mundos de allende los mares

a muchos lectores

y hacen próximas e inteligibles

las noticias fragmentadas y confusas para los no iniciados.


En muchas ocasiones

le preguntan por qué no se ha embarcado

para ir así a uno de esos lugares que luego narra.

Siempre contesta

que no habría entonces tenido tiempo para conocer y vivir

tantas historias como las que ha podido escribir

bajando al puerto.

Por eso se le ve con regularidad ,

sentado en una roca junto al mar,

con la mirada fija en el horizonte,

a la espera de la próxima nave

con la que seguir construyendo historias...,

o de la ola imprevista

que en un día de mar en calma

le lleve,

en un viaje sin retorno,

a conocer todos esos lugares.


________________________


La Ciencia y la Tecnología nos han dejado a la orilla de un envolvente océano.

Sólo unos pocos lo surcan,

y traen noticias de sus navegaciones,

que las más de las veces se las reparten entre ellos

en lugares tan privativos

como las tabernas portuarias de antes.


No es bueno mantenernos los demás en esta insularidad

sin preguntarnos que hay en esos vastos horizontes,

cada vez más dilatados.

Necesitamos que nos cuenten el mundo,

el de la naturaleza,

y el artificial que estamos creando con la tecnología.


Buscamos narradores que sepan ensamblar, traducir, los fragmentos

en historias que necesitamos todos para no sentirnos excluidos,

perdidos,

o utilizados.

El conocimiento pertenece a la Humanidad,

no es propiedad de ninguna casta académica,

países

ni de patentes.

Y el beneficio de mayor excelencia está en tenerlo,

no en hacerse sólo con lo que se puede producir con él.


Es un esfuerzo que no debe confundirse con el género de ciencia ficción,

la divulgación científica (con libros y producciones audiovisuales loables),

que si bien son aportaciones a este objetivo muy valiosas

no cubren plenamente la necesidad de un género narrativo

que despierte nuestra imaginación

sobre lugares y fenómenos muy lejanos

y nos animen a acercarnos a la orilla

y quedarnos ensimismados mirando el horizonte.


En este mundo científico y tecnológico

necesitamos narradores que nos lo cuenten,

no sólo que intenten explicárnoslo.

____________________________


www.ardelash.es

foto: ARdelasH  (Cabo Home - Pontevedra)