La perturbación por el desdoblamiento que supone la imagen fotográfica,

es la misma que la que ha provocado la imagen del espejo

o el reflejo en la superficie del agua.

Y que ha alimentado tantas historias y tantos temores.


¿Qué me quita la imagen?

¿Qué pierdo?


Ahora nos ponemos además de delante de un espejo o de una cámara

ante una pantalla electrónica.

La Red a la que está conectado el ordenador

origina también un fenómeno especular:

por el momento la imagen es borrosa,

poco definida,

pero la huella de nuestra presencia ante este espejo digital que es la Red

producirá cada vez un reflejo más nítido.


La evolución de la Red la podremos escalonar con denominaciones como 2.0, 3.0...

sin embargo hay un proceso continuo marcado por su especularidad.

Es decir,

por el desdoblamiento especular de cada uno de nosotros en su imagen digital reconocible.

Estamos sólo al principio,

pero este proceso es necesario para que podamos movernos en un espacio digital

que, si sólo creciera -como lo está haciendo-

y no se conformara progresivamente a nuestra medida,

sería apabullante e intratable.


Hay personas que recelan de tal desdoblamiento,

de que aparezcan al otro lado de la pantalla

unos rasgos que permitan la identificación.

Optan también por taparse la cara.

Pero se irá debilitando esta resistencia

cuando se vaya conociendo mejor cómo funciona el espacio digital

y la lógica que sustenta la especularidad.

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