La vida de un profesor no se puede contener entre las paredes de un despacho, de un laboratorio, de una biblioteca…, en un campus, sino que se derrama en sus alumnos. Que como una marea de tiempo, de promociones, se extiende, va empapando la sociedad a la que la universidad, la educación, sirven. Nada más satisfactorio y emocionante que el reencuentro fortuito con antiguos alumnos, reconocerlos, saber de sus vidas y comprobar que lo que resiste más el paso del tiempo es el afecto que se trenzó en el aula y que ahora, lejos de ella, se puede manifestar sin trabas. Hoy un beneficio de las redes sociales, de este mundo en red, es que facilita este encuentro con alumnos, y así poder crear puentes entre los caminos divergentes que nos ha trazado la vida.


Lo reitero en muchas ocasiones: todo lo que escribo, de alguna u otra forma lo he hablado antes, muchas veces, con los alumnos, porque siempre he entendido la docencia como diálogo, como conversación inacabable. El diálogo es el uso de la palabra que mejor tiene en cuenta al otro; ejercicio, en el fondo, de humildad, porque el discurso se construye con aportaciones, no se dicta. Así la verdad es encuentro en un terreno que no es propiedad tuya ni de los otros, sino que confina con todos; frente al debate, en el que la verdad es triunfante. Pero ya vemos que hay personas, en todas las circunstancias, que se sienten cruzados —en busca o defensa de esa verdad triunfante—  más que personas conversadoras con el otro.


Tengo la suerte de que mi materia de estudio me permite dejar para ahora esta escritura sosegada, asentada en el diálogo con alumnos durante 44 años, sin que se altere por el apremio de los baremos académico-administrativos para la carrera universitaria. Son dos actividades de escritura distintas. La escritura a la que me refiero, por tanto, tiene como base la oralidad y es una destilación del tiempo, es palabra hablada que reposa escrita al final del viaje. ¡Cómo no voy, entonces, a estar agradecido a mis alumnos y al espacio universitario que a uno y otros nos ha acogido!

DI.html